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19-09-2023

El GOB, 50 años de proteccionismo, ambientalismo y ecologismo

Macià Blázquez-Salom | UIB

La organización referencia del ecologismo en Mallorca hace 50 años. Su historia es también la de las ideas y debates que se han ido articulando desde este espacio, asumiendo retos ecosociales ambiciosos desde una perspectiva holística.


Crédito Fotografía: GOB Mallorca.

El Grup Balear d’Ornitologia i Defensa de la Naturalesa (GOB), que crearan unos pocos naturalistas entusiastas en 1973, superpone ideologías dispares pero que aquí defiendo integrar en el marco de la ecología política. El GOB es un grupo ecologista que aborda los retos ecosociales más ambiciosos desde una perspectiva holística, con la aspiración de conservar las contribuciones que marcan su historia, proteccionistas y ambientalistas que no entran en contradicción. Defiendo que sólo aceptando las diferencias pero insistiendo en apoyarnos se puede hacer evolucionar el GOB y hacer crecer el ecologismo.

Del pensamiento parcelario al holístico

La ecología política propone un enfoque interdisciplinario de la problemática ecosocial, por considerar que no son cuestiones simplemente técnicas, sino que está arraigada a los sistemas de poder, desigualdades sociales y decisiones políticas. En la práctica, nos lleva a preguntarnos a qué intereses sirven nuestras acciones respecto a las relaciones ecosociales, bien sea investigando para diagnosticar problemas o para elaborar propuestas de transformación. Desde esta perspectiva, el libro de reciente publicación en castellano La revolución conservacionista (de Bram Büscher y Robert Fletcher, en la editorial Icaria ) aporta una acertada disección del proteccionismo, el ambientalismo y el ecologismo, en función de sus asunciones y de sus propósitos. Utilizo ésta y otras lecturas provechosas y recientes para intentar comprender el trasfondo ideológico de los movimientos sociales de defensa del territorio y particularmente del GOB.

Un primer conjunto de naturalistas propugna medidas proteccionistas, pone por encima de todo su estima de la vida silvestre, acusa la extinción de especies o el deterioro de sus hábitats y considera que la prioridad de defenderla no admite más cábalas. Esta primera opción propone medidas conservacionistas, por ejemplo, proteger la naturaleza expulsando de ella a la humanidad encapsulando espacios naturales. Por ejemplo, proponiendo dedicar la mitad de la Tierra a preservar especies silvestres (half-earthproject.org). A una escala más cercana, hay proteccionistas que proponen restringir la interacción entre la humanidad y la naturaleza, por ejemplo, confinando los espacios naturales a modo de “islas de orden” en un océano de entropía.

Un segundo conjunto de proponentes puede ser denominado como ambientalistas, centrado enaportar soluciones pragmáticas para defender la naturaleza en armonía con las convenciones socioeconómicas dominantes imperativas del capitalismo. Este movimiento ambiental asume el orden socioeconómico imperante, lo sostiene y pretende sacar provecho de sus características en favor de encontrar soluciones a corto plazo y especialmente a nivel local. Dos obras de reciente publicación nos aportan aclaraciones sobre las características del capitalismo. Jason Hick el (2023)  nos define esta selección: la expansión y el crecimiento de la producción y del consumo (que denomina “crecentismo”), el trabajo asalariado proletario, la propiedad privada de los medios de producción o confiar en el efecto “derrame” (trickle down ), según la fórmula de hacer más ricos a quienes ya lo son mediante la acumulación de capital que consiguen a raíz del incremento de la tasa de ganancias. Nancy Fraser (2022)  afina la definición de otros requisitos del capitalismo que lo hacen posible como orden social más allá de la economía. Para ello, Fraser se refiere a cuatro trastiendas extra económicas: 1) la expropiación de la riqueza y del trabajo del Sur global expandiéndose sobre territorios subordinados, subyugando a población minorizada con opresión racial-imperial (a modo de acumulación primitiva que sigue en curso); 2) la no remuneración del trabajo de cuidados, corresponsabilidad o solidaridad, que es la base de la reproducción social y una precondición del trabajo asalariado; 3) la apropiación de la naturaleza no humana para proveer a la producción capitalista de sustrato material: materias primas, energía, alimentos y el entorno saludable de suelo cultivable, aire respirable, agua potable, etc.; y 4) la subordinación de los poderes públicos no económicos disciplinando al Estado para determinar el orden legal, las fuerzas represivas, las infraestructuras, la moneda y los mecanismo de gestión de las crisis.

Magaluf. Fuente: Macià Blázquez. 

Algunas de las tácticas del ambientalismo, y también a menudo del proteccionismo, son las alianzas con las élites dirigentes, confiando en los mecanismos del mercado o depositando su fe en la innovación tecnológica. Por estos medios, defiende la pretensión de desacoplar el crecimiento del consumo de recursos, la circularidad de los materiales sin generar residuos o mantener el sistema capitalista sustituyendo al abastecimiento energético de origen fósil por fuentes renovables. Este ecomodernismo acepta la propuesta neoliberal de vender la naturaleza para salvarla, articulada en torno a su valoración monetaria para incidir en el mercado incentivando las buenas prácticas y conductas (como por ejemplo mediante ecoetiquetas), la responsabilidad social corporativa o haciendo pagar a quien contamina (lo que presupone que todo tiene un precio). En su conjunto, estas propuestas contribuyen a perpetuar el capitalismo blanqueándolo de verde (de azul o del color que haga falta).

Pero la cronificación de las crisis (sanitaria, climática, energética, de pérdida de biodiversidad o desplazamientos forzados por el empobrecimiento) pone de manifiesto las contradicciones endógenas del capitalismo, porque demuestra la finitud biofísica, su arraigo en las desigualdades y la desatención de los límites del crecimiento. En este contexto, las visiones parcelarias son insuficientes cuando el debate político gira en torno al planteamiento de espacios por un futuro de esperanza. Cuando esto se hace tan evidente, a menudo aparecen propuestas retóricas que pretenden encubrir sus impactos, como el desarrollo sostenible, circular, regenerativo, accesible, la digitalización, etc. (Escrivá, 2023).

Una tercera opción ideológica de acuerdo con la ecología política es el ecologismo, caracterizado por ser más imaginativo, revolucionario y utópico incluso. Las esperanzas de este último enfoque no ponen límites a lo posible. Por eso amplían el alcance de sus propósitos para diseñar escenarios de transformación social ecosocialistas, postcapitalistas , feministas... El ecologismo entiende la humanidad como parte de la naturaleza, contraviniendo el dualismo cartesiano que se ha hecho hegemónico, para proponer soluciones a las crisis que vinculen las raíces sociales y las ecológicas. Su defensa de la justicia social y ambiental se fundamenta en el derecho a la naturaleza, para integrar a las naturalezas humanas y no humanas, dándole la consideración de bien común. Bram Büscher y Robert Fletcher proponen el Conservacionismo Convivencial con el mismo sentido holístico, mediante la reintegración de la humanidad y la vida silvestre en el mismo espacio, para promover este reencuentro de naturalezas al alcance de toda la población, mediante formas de gobierno locales y democráticas y reanudar esta vinculación entre la naturaleza humana y no humana cotidianamente, con una implicación duradera y desmercantilizada.

En la realidad que nos está más próxima, los movimientos sociales ecologistas han respondido a la saturación turística generando un discurso favorable a la desturistificación ya la desmercantilización (Valdivielso y Moranta, 2019). Esta transformación social necesaria en la actual crisis ecosocial es el decrecimiento justo, mediante una redistribución democrática que contraiga e iguale el caudal de energía y materiales consumidos per cápita, defendiendo la gestión colectiva de los bienes comunes y estatal de los bienes públicos (González y Almazán,2023; Hickel , 2023).

Necesdad de encarar discrepancias

Algunos de los movimientos sociales más activos de las Islas Baleares han sido, durante estas últimas décadas, proteccionistas, ambientalistas y ecologistas con raíces libertarias que originaron campañas de defensa del territorio en la década de 1970 (Rayó, 2004). La movilización en defensa del territorio, la identidad, la lengua o las prácticas y relaciones sociales propias se han vinculado a la limitación del espacio insular (Jover, 1999), a partir de la cual se ha desarrollado la acción política por el derecho a la isla (Armas, et al., en prensa). Pero cuando sólo es proteccionista o ambientalista la reivindicación de la defensa del topónimo, mediante lemas a favor de “salvar” lugares concretos de la urbanización (Serra y Nigorra, 2022), ha dejado de lado el análisis crítico de las relaciones de poder y la cuestión de clase (Murray, 2017).

El movimiento ecologista que más ha destacado en las Islas Baleares ha sido el GOB (@GOBMallorca, @gobmenorca y @gengobeivissa), que ha cumplido 50 años de transito por las diversas aproximaciones y propuestas, superando desavenencias y conflictos internos. Sus campañas más exitosas se han centrado en la defensa del territorio, consiguiendo que las administraciones públicas pongan cierto freno a la urbanización, protejan espacios naturales y, en conclusión, conserven la calidad del entorno. Como ilustración de su trayectoria, se pueden consultar, por ejemplo, los vídeos disponibles en las redes con el distintivo #12històriesdelgob para celebrar los #50anysgob. Pero lo que no pensábamos quien compartimos estas campañas para defender el territorio es que el capitalismo también se las haría suyas. Explicado por David Harvey (20/11/2021): "No hay una idea buena y moral de la que el capital no pueda apropiarse y convertirla en algo horrible".

Son Bunyola. Fuente: Macià Blázquez. 

Por otro lado, hay que considerar si parte de los logros del GOB no tienen que ver con la coincidencia de intereses económicos de inversores inmobiliarios y turísticos, que le han proporcionado poderosos aliados, favorecidos por la mejora de la calidad del entorno y la revalorización de los bienes inmuebles que atraen grandes flujos de capitales y élites en busca de refugio y rentabilidad. Así lo demuestra la tendencia emergente del turismo balear hacia el lujo (Blázquez-Salom, et al. 2023), cuyo acaparamiento de espacio promueve la segregación socioespacial, desplazando a la población desfavorecida, para reservar el privilegio de su disfrute para quien puede pagarlo, de acuerdo con las normas del libre mercado, sublimando la mercantilización y la privatización de la naturaleza. De ello se deriva un proceso denominado gentrificación verde, que consiste en la mejora de la calidad del entorno pero también su exclusividad para las élites (Blanco-Romero, et al. 2023). Paradójicamente, nómadas de la clase creativa global abren camino, para ser seguidos de inversores especulativos que se convierten en nuevos terratenientes, asesorados por “facilitadores” y profesionales serviles a las tasas de ganancias que posicionan a la sociedad balear en el top del ranking de la corrupción.

En el GOB conviven el proteccionismo, el ambientalismo y el ecologismo, con un esfuerzo constante por el debate interno. La entrevista a Ivan Murray que publicó la Revista Posidonia este verano, contrasta propósitos y formas de organización del ecologismo y del GOB en particular. En su conjunto, su parecer refleja el tránsito del pragmatismo ambientalista local a la crítica socioecológica global propia del ecologismo. El ambientalismo más pragmático se aferra a los pequeños logros en el ámbito local y efectivos a corto plazo. Prima la efectividad frente al enriquecimiento participativo en el proceso de movilización social. A menudo, descarta vincular las mejoras ambientales a las sociales, como las condiciones laborales o la desigualdad social. Esta visión parcelaria puede hacerlo fácilmente cómplice de quienes se benefician de los conflictos en base a la clase social, por explotación, desposesión o segregación social. El ecologismo, en cambio, aborda la problemática ambiental ligada a su vertiente social con el análisis crítico de sus raíces en el sistema económico dominante, el capitalismo. Desde este punto de vista holístico es necesario asumir una transformación social más ambiciosa que se arraiga en el mismo proceso asociativo, para abordar la policrisis, encadenada y persistente: migratoria, sanitaria, energética, climática, de biodiversidad, etc. En palabras de Nancy Fraser: “Indicándonos la dirección correcta, nos desafía a arrancar la cortina, identificar al verdadero culpable y desmontar el orden disfuncional y antidemocrático que es el capitalismo” (2022, p. 139).

La defensa del territorio es el común denominador dentro de la pluralidad del GOB y es un propósito que demuestra su vigencia en otros territorios amenazados por los megaproyectos (Almazán y Escalante, 2018). Pero el relanzamiento turístico mediante el capitalismo verde genera menos consensos cuando se trata del consumo de energía per cápita, la exclusión social o el incremento de la capacidad de infraestructuras de abastecimiento urbano o de tratamiento de residuos. El activismo social se ha debilitado por la pérdida de alianzas con los inversores turísticos y con los partidarios del alquiler turístico de viviendas, especialmente en el contexto de la crisis sistémica de 2008, caracterizada por el endeudamiento y el discurso de defensa de la creación de empleo (Armas, et al. en prensa). Para combatir el capitalismo verde es necesario incorporar la noción de los límites, el decrecimiento y la lucha de clase en el ecologismo, para combatir de raíz la problemática ecosocial con propuestas postcapitalistas. Afrontar el debate es, en mi opinión, uno de los mayores aciertos de la gente que forma y que ha formado parte del GOB durante estos últimos 50 años. Siempre dispuesta al diálogo, con bonhomía y voluntad de entendimiento para reunir partidarios de las diferentes vertientes ideológicas, haciendo madurar el GOB, ahora hacia una transformación ecosocial postcapitalista.

 

Referencias:

Almazán, A. y Escalante  H. (2018). “La ZAD, ¿un nuevo modelo de lucha (exitoso) contra el desarrollismo?”. Papeles de relaciones ecosociales y cambio global , 141, 167-171.

Armas-Díaz, A.; Murray, I.; Sabaté-Bel, F. y Blázquez-Salom, M. (en prensa). “Environmental struggles and insularity: concerning the right to nature in Majorca and Tenerife”. Environmento and Planning C: Politics and Space.

Blanco-Romero, A.; Blázquez-Salom, M. y Fletcher, R. (2023) “Fair vs. fake turístico degrowth”, Tourism Recreation Research , DOI: https://doi.org/10.1080/02508281.2023.2248578

Blázquez-Salom, M.; Murray, I. y Artigues, AA (2023). “Hegemonía hotelera. El rol del Estado en la reactivación de la tasa de beneficio hotelera tras la crisis de 2008”. Investigaciones Turísticas , (25), 220–249. https://doi.org/10.14198/INTURI.22122

Büscher, B. y Fletcher, R. (2022). La revolución conservacionista. Propuestas radicales para salvar la naturaleza después del Antropoceno. Barcelona: Icaria.

Escrivá, A. (2023). Contra la sostenibilidad. Barcelona: Arpa Libros.          

Fraser, N. (2023). Capitalismo caníbal. Qué hacer con este sistema que devora la democracia y el planeta, y hasta pone en peligro su propia existencia. Buenos Aires: Siglo XXI.

González Reyes, L. y Almazán, A. (2023). Decrecimiento: del qué al cómo. Propuestas para el Estado español. Barcelona: Icaria.

Harvey, D. (20/11/2021). Daniel Denvir (Jacobin). Entrevista a David Harvey. https://ctxt.es/es/20211101/Politica/37891/David-Harvey-marxismo-capital-crisis-climaticamigraciones.htm

Hickel , J. (2023). Menos es más. Cómo el decrecimiento salvará al mundo. Madrid: Capitán Swing.

Jover, G. (1999). Algunas notas sobre el gobierno progresista de las Islas Baleares. En pie de paz, 51. 95-103.

Murray, I. (2017). Sa Dragonera. Una condensació de la lluita ecologista a Mallorca (i moltes coses més). A Garcia Munar, P.J. (2017). Salvem sa Dragonera. Històries dels ecologismes a Mallorca. Palma: Illa Edicions.

Rayó, M. (2004). L’ecologisme a les Balears. Palma (Mallorca): Documenta Balear.

Serra, S. y Nigorra, P. (coords.). Les mobilitzacions per a la protecció del medi ambient a les Illes Balears (1991-2022). Palma: Moll Nova Editorial.

Valdivielso, J. y Moranta, J. (2019 ). “The social construction of the tourism degrowth discourse in the Balearic Islands”. Journal of Sustainable Tourism, 27 (12), 1876-1892.