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Reportaje | Turismo Responsable | Costa Rica

05-02-2019

Trabajo en el sector hotelero de Guanacaste: atrapados en un círculo vicioso

Arturo Silva Lucas | Alba Sud

El temor a perder el empleo en un contexto con pocas oportunidades obliga a muchos trabajadores a aceptar condiciones laborales extredamente penosas y con bajos salarios.

 


Crédito Fotografía: Alba Sud.

El trabajo en turismo es un sector del mercado laboral que goza de notable invisibilidad, posiblemente por estar bañado de nociones muy elementales que configuran la imagen de esta actividad. Al estar ligado al ocio, recreación y esparcimiento, el turismo se ha asociado con experiencias placenteras, usualmente valoradas desde la posición del receptor de esos servicios turísticos.

La mayoría de mediciones y estudios institucionales que evalúan el éxito o fracaso de zonas turísticas toman como referencia la cantidad de dinero invertido, ya sea público o privado, en infraestructura para recibir determinado número de visitantes, así como la valoración del turista en cuanto a los servicios recibidos.  

Sin embargo, no deja de ser cierto que en territorios donde ha habido una consolidación del turismo también existen relaciones laborales que no han recibido la atención suficiente por parte de funcionarios e instituciones gubernamentales. Investigadores como Ernest Cañada han analizando las experiencias del trabajo en el sector turismo tomando como punta de lanza la profunda transformación que han acontecido en diversos destinos a partir de la turistificación de los espacios y su consecuente impacto en las dinámicas sociales y económicas que conlleva [1].

Para Cañada el trabajo en el sector hotelero en España lleva consigo una serie de características compartidas que no debe escapar al análisis de esta rama del mercado laboral: la sobrecarga de trabajo del personal, la degradación de las condiciones contractuales y un estado de inseguridad permanente, las graves repercusiones de esta forma de trabajar en su salud o la represión ante las formas diversas de organización en defensa de sus derechos.

La precarización en el mercado laboral turístico, añade Cañada, es resultado de tres condiciones fundamentales: la relativa fijación en un determinado territorio de la actividad turística, las fuertes variaciones en la demanda de trabajo asociado a un mercado que sufre constantes y fuertes cambios y la posibilidad de funcionar con un mercado de bajos salarios.

A esto podemos sumarle la posición ventajosa desde la cual operan los grandes desarrollos hoteleros situados en regiones periféricas del planeta, al ser percibidos como palanca al desarrollo en regiones con pocas oportunidades de trabajo donde se le da una serie de prioridades para su puesta en marcha y funcionamiento.

Trabajo turístico y economías de enclave

En las economías de enclave vinculadas con el turismo, como es el caso de las grandes cadenas hoteleras ubicadas en costas y playas de Centroamérica, estas pudieron nutrirse de abundante mano de obra, luego de la transformación estructural de los años ochenta. Que afectó fundamentalmente a los pequeños productores de sector primario en territorios rurales, y encontró poblaciones ansiosas por subsanar necesidades de trabajo y bienestar material. De hecho, accedieron así a un ejército de reserva en espera.  

Costa Rica, a pesar de gozar de un prestigio internacional como destino turístico, no escapa a estas situaciones. Ejemplos extremos lo podemos encontrar en la investigación de Santiago Navarro, quien desde una perspectiva de análisis neocolonial ha develado las paupérrimas condiciones laborales en las cuales se desempeñaron inmigrantes nicaragüenses en la construcción del Hotel RIU en playa Matapalo en Guanacaste, que finalmente condujeron a la muerte de un obrero de construcción en el año 2008 [2]. Mano de obra migrante que mayoritariamente opera fuera de las regulaciones de la legislación laboral costarricense.   

Imagen de Alba Sud.   

Este artículo tiene la intención de presentar un panorama de cómo es el día a día a través de algunas de las valoraciones que hacen trabajadores y trabajadoras en resorts hoteleros ubicados en Guanacaste. Se realizaron entrevistas y se mantuvieron distintas conversaciones durante los últimos meses del año 2018 con pobladores de una comunidad cercana a uno de estos megaresorts. A través de sus testimonios se pueden evidenciar las contradicciones que enfrentan las comunidades cuando la necesidad de trabajo es grande y las opciones pocas. Para evitar cualquier inconveniente, se ha preferido cambiar el nombre a las personas entrevistadas.

Perspectiva de trabajo y turismo en Guanacaste

Siguiendo la lógica de economías de enclave vinculadas al turismo, Guanacaste reúne características que la hizo atractiva a las grandes inversiones de cadenas hoteleras. Es la segunda provincia de mayor tamaño del país, posee una estación seca que se prolonga por hasta 8 meses al año con temperaturas que pueden llegar a los 36 ℃, toda su zona costera es de fácil acceso por lo plano de su topografía y dispone de una amplia costa en el litoral pacífico interrumpida por accidentes geográficos atractivos para la industria turística como golfos, bahías y penínsulas.

Posee la menor densidad poblacional del país y el nivel de pobreza históricamente se ha mantenido alrededor del 30% desde la década de los ochenta, casi 10 puntos por encima del promedio nacional según el Instituto Nacional de Censos y Estadística.

De esta manera inversiones como los hoteles Riu en Matapalo, Dreams-Las Mareas en La Cruz, Hilton en Liberia ó Four Seasons en Península Papagayo, entre otros, encontraron terreno fértil que reunía características funcionales a sus necesidades: amplias costas con poca densidad y de fácil acceso con una gran riqueza paisajística y natural, además de una población carente de ofertas de empleo.  

Luego de una revisión en distintas páginas web dependiendo del tipo servicio, luxury o regular, el costo de una habitación puede rondar entre 370 dólares y 850 dólares por noche. El precio puede variar según las temporadas altas o bajas en la llegada de turistas e impacta de igual manera en el aumento o disminución de contratación de personal, esto es algo que se descubrió durante las conversaciones efectuadas.  

Desde el punto de vista de estos grandes hoteles uno de los beneficios que traen es la contratación de mano de obra local, así lo menciona uno de los gerentes generales en una entrevista a un medio local [3]. Esto, si bien incide de manera positiva en los datos macro de empleo, es común que mucha de esta mano de obra local ocupe puestos que requieran menor cualificación laboral: limpieza, seguridad o saloneros.   

Hablan los trabajadores de los hoteles

Precisamente las personas entrevistadas ocupan estos puestos, el periodo de contratación es de 3 meses con posibilidad de ampliación a otros 3 meses dependiendo de las necesidades de los hoteles y las temporadas en visitas de turistas. Los horarios laborales varían, el diurno de 7 de la mañana a 3 de la tarde, de 3 de la tarde a 10 de la noche y el horario nocturno, en el cual hay menos personal disponible. Es común que en temporadas altas se le solicite al personal en planta que realice un doble turno, lo que supone que pueden llegar a trabajar entre 12 y 16 horas consecutivas.  

Por ejemplo a Juan, quien se desempeña en labores limpieza el salario es de alrededor 200 dólares quincenales, 6 días a la semana. Uno de los aspectos en que más hizo hincapié es la continua solicitud de hacer horas extras pero que sin embargo en muchas ocasiones no eran reflejadas en el pago:  

…a veces lo hacen a uno doblar turno, le decían que le iban a pagar el día y llegaba la planilla y nada….llegaba el mismo gerente a decirle que necesitaba que uno doblara turno… entonces otras 8 horas, a veces 16 horas trabajé yo.

Ante este tipo de situaciones Juan explica que:

Íbamos a la oficina del gerente, a contabilidad o a Recursos Humanos y nada, nos decían que no habían horas extras reportadas, a menudo nos pasa eso.

Para Juan esto es posible por la continua renovación de personal, ya que siempre va haber gente dispuesta a trabajar bajo las condiciones que tenga el patrono: 

...hay siempre gente de paso porque siempre están echando gente. A cada ratito están echando gente. Entonces está uno 3 meses, lo botan, contratan a otra gente, los botan, vuelve uno y así están. Ya cuando uno es muy viejo (en el puesto) ellos buscan la manera de echarte.

Por su parte, Sofía, que trabaja como salonera, afirma que su salario ronda los 212 dólares quincenales, 5 días a la semana. Ella comenta que el ambiente laboral es por momentos muy difícil, porque están obligados a recibir clases de inglés fuera de los horarios laborales establecidos, sin ningún tipo de remuneración. También explica que hay días en que está hasta 12 horas en el hotel y que luego de salir a las 10 u 11 de la noche se le hace difícil volver a su casa porque ya no hay transporte público:     

Intentemos hablar con mi jefa, pero nos dijo que al que no le gustara se podía ir… Yo llamé al Ministerio de Trabajo y les pregunté que si era legal eso, verdad. Y el Ministerio me dijo que no me pueden amonestar porque no está dentro de mi horario de trabajo, porque ahí no me cubre ningún seguro o la póliza.

Aun teniendo el respaldo verbal del Ministerio de Trabajo estos trabajadores no se animan a interponer una demanda, porque habitualmente prefieren esperar la finalización de su contrato y ver si van a tener una ampliación, o prefieren terminar el contrato y buscar otra opción en otro hotel.

Así, las personas entrevistadas reconocen que hay un clima de inestabilidad que trae consigo este tipo de industria turística de grandes resorts, pero al mismo tiempo son consientes que las alternativas son pocas. Si las alternativas son pocas, como menciona Juan “hay que sostenerse y ver como se la juega uno”.       

Atrapados en un círculo vicioso

En el caso de Guanacaste, como en muchos otros similares, no solo se debe poner atención en la cantidad de puestos de trabajo que abre esta nueva economía basada en hoteles de renombre transnacional, sino también en su calidad y la relación que establecen estos mega-desarrollos con la mano de obra local. Si bien los salarios son ajustados a lo que la ley establece para esas categorías ocupacionales, son insuficientes, por lo que es usual que entre los entrevistados se tenga la necesidad de buscar un segundo ingreso para balancear los gastos mensuales.      

Imagen de Alba Sud.

Los trabajadores de estos hoteles hacen refencia a que es habitual la sobrecarga de trabajo, a través de horas extras y dobles turnos, que en algunos casos no son remuneradas. Igualmente señalan que son frecuentes los contratos de corto tiempo, que aportan muy poco a la estabilidad económica de los trabajadores y sus familias, lo cual se traduce en una sensación de inseguridad, no solo a perder el trabajo sino a llevar el sustento a sus hogares.

Se reconoce así un círculo vicioso en el que se ven insertos los trabajadores de este sector: el temor a perder el trabajo conlleva la aceptación de turnos extras no remunerados en un ambiente en que la continua renovación de personal se percibe como una amenaza que obliga a aceptar condiciones laborales cuestionables.          

Resulta extraño que entre tanta belleza natural e inversiones millonarias haya poblaciones que se tengan que desenvolver en condiciones de trabajo que podrían ser mejores, para llevar mayor bienestar y sobretodo un ingreso estable a sus familias. Las voces que le dan rostro a estas experiencias muchas veces pasan desapercibidas entre la indiferencia del turista y el interés en promocionar destinos turísticos.

 

Notas:
[1] Cañada, E. (2017). ¿Por qué se precariza el trabajo turístico? Alba Sud, 02/11/2017.
[2] Navarro, S. (2013) Tropicalismo en una periferia del placer. Turismo, migración y resistencia en Costa Rica. Tesis para optar por el grado de licenciado en psicología de la Universidad de Costa Rica.
[3] Acuña, R. (2015). La Cruz de Guanacaste: del olvido al desarrollo turístico. La Voz de Guanacaste, 14/09/2015.
Este artículo se publica en el marco del proyecto Turisme Responsable: una eina d'Educació per a la Justícia Global, ejecutado por Alba Sud con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona en la convocatoria del Programa de Educación para la Justicia Global 2017.

 

 

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