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Reportaje | Turismo Responsable | México

29-03-2019

Turismo en la Nación Comcaác (desierto de Sonora, México)

Angélica Duarte | Alba Sud

La Nación Comcaác, históricamente vinculada al territorio del desierto de Sonora, vive en la encrucijada entre el desarrollo del turismo cinegético, el despojo y la defensa de sus bienes naturales.


Crédito Fotografía: Angélica Duarte.

Los Seris son uno de los pueblos autónomos de la Nación Comcáac, originarios del Estado de Sonora en el norte de la República Mexicana. El vocablo Seri, proviene de la lengua Yaqui, que significa “hombre de la arena”, pero el término con el que se identifican actualmente como comunidad es Comcaác, que significa “la gente”. Durante la llamada época prehispánica, el territorio originario Seri comprendía las cadenas montañosas, el desierto de Encinas y el golfo de California. Su expansión hacia al sur llegaba hasta el río Yaqui, al norte hasta el desierto de Altar, al este hasta Horcasitas y al oeste ocupaba las islas cercanas Tiburón, San Esteban, Patos y Alcatráz, situadas en el Mar de Cortés.

Los Comcaác siempre han sido un pueblo nómada, ligado ancestralmente al desierto. Actualmente, las dos comunidades donde habitan se llaman Punta Chueca, en el municipio de Hermosillo, ubicada a 150 kilómetros de la capital del estado de Sonora, y Desemboque de los Seris, municipio de Pitiquito. Su territorio se encuentra a 420 kilómetros de la ciudad fronteriza con Estados Unidos, Heroica Nogales. Según el gobierno Comcáac, actualmente hay aproximadamente 1,000 habitantes en todo el territorio.

Mapa de territorio Comcaac. Modificado por Diana Luque Agraz (CIAD).

La nación Comcaác históricamente ha mantenido un arraigo con el desierto y el mar, lo que ha sido una de sus principales fortalezas en la lucha por sobrevivir ante la invasión de su territorio. Esta cercanía sigue manifestándose en sus relaciones socioterritoriales y modos de vida. En la nación Comcaác existen en la actualidad alrededor de ocho concesiones mineras, de las cuales dos son a cielo abierto. El territorio Comcáac ha sido objeto de múltiples intentos de expropiación de sus bienes naturales, tanto por la explotación minera, la pesca furtiva, así como las amenazas que representa encontrarse en medio de una de las principales rutas de narcotráfico del país.

En las dos principales comunidades Comcaác en Sonora, los índices de escolaridad son bastante alarmantes. Según el Informe anual sobre la situación de pobreza y rezago social de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) 2010, en la comunidad de Desemboque, de una población de 287 personas (Censo 2010), 131 tienen la secundaria incompleta, así mismo, 70 personas no tienen ninguna derechohabiencia a servicios de salud. Por otro lado, en Punta Chueca con una población de 500 habitantes, al menos 104 viviendas no cuentan con servicio de agua entubada de la red pública. De la misma manera, al menos 287 personas no cuentan con derechohabiencia a servicios de salud y al menos 84 viviendas no cuentan con ningún servicio de drenaje. En ese sentido, es importante mencionar que los dos municipios en los que se encuentran estas localidades, Pitiquito y Hermosillo, presentan índices de pobreza general de 36 % en el primer caso y de 25 % en el segundo, a pesar que el Estado de Sonora es uno de los que presenta menores índices de pobreza en comparación con el resto de la República.

Imagen de Angélica Duarte.

Las mujeres Seris adultas se dedican a la elaboración de bisuterías elaboradas a base de conchas de mar collares, aretes y pulseras, así como figuras de palo fierro, y cestería de torote. Las mujeres se caracterizan por ser recolectoras del desierto, se muestran cubriendo su rostro por las altas temperaturas de calor que se dan en la zona. Por otro lado, si es importante el nivel de participación de las mujeres en la economía familiar, ya que muchos de los productos artesanales que realizan se comercializan en dólares en Los Ángeles, California.

Isla Tiburón: Patrimonio comunal de los Comcaác

El territorio de los Comcaác actualmente cuenta con una extensión territorial de 205, 886.77 hectáreas. Dentro de sus propiedades comunales se encuentra la isla más grande dentro de las aguas del golfo de California, conocida como Isla Tiburón, con una extensión de 120,800 hectáreas. En 1963 fue decretada una Zona de Reserva Natural y Refugio de la Fauna Silvestre Nacional, actualmente es Reserva Especial de la Biosfera. Así mismo, el 11 de febrero de 1975 se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto de cesión a los Seris como propiedad comunal de la Isla Tiburón, un lugar sagrado desde tiempos ancestrales.

La Isla Tiburón se encuentra aproximadamente a 30 minutos en lancha desde Punta Chueca. En las zonas costeras de la isla solamente existen pequeños campamentos temporales. La isla no está habitada por los Comcaác, por lo que no existe ningún tipo de infraestructura permanente, además de algunos geolitos ancestrales, veredas y antiguos caminos. La única zona habitada es la que ocupa la base naval de la marina armada de México, que es desaprobada por la comunidad.

Imagen de Angélica Duarte.

En la actualidad, la isla forma parte de la oferta de destinos para la cacería cinegética. En ella se observan distintas especies originarias del desierto y los humedales como el borrego cimarrón y el venado Bura de Sonora. En las zonas costeras de la Isla también existen campamentos pesqueros temporales que representan una de las principales fuentes de subsistencia de la comunidad.

Bienes comunales en disputa

Los bienes comunales de la nación Comcaác representan un patrimonio simbólico, social y cultural que se manifiesta en sus formas de socialización con la naturaleza. En este sentido, las acciones colectivas de la comunidad se han desplegado hacia la defensa de los bienes comunes que se ha traducido como una defensa de su propia existencia, de sus espacios simbólicos y de su identidad. Las reservas mineras, los recursos pesqueros, las zonas marinas y el agua han provocado una disputa permanente entre su derecho a conservarlas como parte de su territorio y los intereses estratégicos federales, estatales, de transnacionales, así como del narcotráfico, que busca en estas comunidades, generar base social para sus operaciones.

En este contexto, las Fuerzas Armadas Comcaác surgen como un esfuerzo comunitario para la defensa del territorio, ante la falta de protección del Estado Mexicano. Por el contrario, la Marina de México ha colocado sin consentimiento de la comunidad una base naval en la Isla Tiburón, un territorio sagrado Seri, que era ancestralmente utilizado por los guerreros, donde se encuentran los cuerpos de sus ancestros, y donde los Seris han encontrado refugio desde tiempos remotos. según Gabriela Molina, concejala Comcaác, representante del colectivo de defensoras del territorio Comcaác, y una de las pocas mujeres de la comunidad con estudios universitarios en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Frente al desierto de Sonora, el espejismo de la institucionalidad turística

Durante las últimas décadas, el turismo ha experimentado una continua expansión y diversificación, convirtiéndose en unos de los sectores económicos de mayor envergadura y crecimiento en el mundo. En México, en el año 2017 se reportó un ingreso de divisas por turismo correspondiente a 21,333 millones de dólares y se cuantificó un total de 39,3 millones de turistas internacionales. El mercado turístico proveniente de Estados Unidos es uno de los más importantes para México. Del total de turistas que ingresaron por vía aérea el 57.7 por ciento, equivalente a 10.6 millones de turistas, provienen de este país. Dentro de las modalidades más demandadasse encuentra el turismo de sol y playa, el turismo médico y el turismo de cacería deportiva, o también reconocido por la organización Mundial del Turismo (OMT) como Turismo cinegético. Según la Secretaria de Turismo de México (SECTUR), el turismo cinegético es la actividad que desarrolla un cazador deportivo nacional o extranjero que visita destinos, localidades o áreas donde se permite la práctica de la caza de fauna silvestre de interés cinegético en su entorno natural, y que usa servicios logísticos y turísticos para hacer más fácil la práctica de este deporte, en un supuesto marco de conservación y sustentabilidad de la vida silvestre.

Sin duda, la cacería cinegética representa una de las actividades turísticas rentables que se llevan a cabo en México, con mayor auge en la región norte de México incorporado a los programas de desarrollo turístico en los Estados de Sonora, Nuevo León y Tamaulipas. Esta modalidad de turismo resulta extremadamente cuestionable, pues el único fin es la mercantilización de especies dentro de territorios comunales.

Los llamados “cazadores cinegéticos” defienden su gestión alegando el apoyo a programas de conservación, como reintroducción y repoblaciones de la fauna silvestres de interés cinegético, amparados por la Federación Mexicana de Caza (FEMECA A.C.). Sin embargo, el perfil del turista cinegético se caracteriza por tener un alto poder adquisitivo, sin ningún contacto previo con las comunidades cercanas a los ranchos, contrastando de manera directa con la condición de precariedad en la que se encuentran estas comunidades y sus bienes comunales.

Imagen de Angélica Duarte.

Esta modalidad de turismo implica un alto nivel de profesionalización y planificación en toda la cadena de valor de este producto turístico. El turismo cinegético se apega a la ley general de vida silvestre (LGVS) a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) de México. Cada uno de los ranchos cinegéticos cuenta con un plan de manejo de sus Unidades para la Conservación, manejo y Aprovechamiento de la Vida Silvestre (UMA). El estado de Sonora cuenta con 2,130 UMAS dentro de su territorio.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SAGARPA), la SEMARNAT, la SECTUR, junto con los programas de preservación del medio ambiente, son los responsables de otorgar los permisos requeridos para la expedición de licencias de cacería, cintillos de cobro cinegético, permisos de portación y transportación de armas de fuego de una localidad a otra, pago de los servicios a las unidades de Manejo para la conservación de la vida Silvestre. La SEMARNAT emite anualmente el calendario cinegético que establece los periodos para realizar la actividad cinegética, correspondiente a una duración de cinco meses de aprovechamiento, regularmente otorgados en la segunda semana de octubre y la segunda semana de marzo.

El estado de Sonora ocupa el segundo lugar en turismo cinegético de todos los estados de la República. Según el director general forestal y fauna de interés cinegético de la SAGARPA en Sonora, Marco Valenzuela, para el año 2016 se percibió una derrama económica de 20 millones de dólares en todo el conglomerado de servicios turísticos (alojamientos, guías turísticos, transporte turístico y actividades cinegéticas). Dentro de las especies más demandadas por la cacería cinegética se encuentran: el borrego cimarrón, venado bura, venado cola blanca, jabalí de collar, puma, gato montés, guajolote silvestre, palomas, faisán, y aves acuáticas, entre otras especies.

Paradójicamente esta arquitectura jurídico-institucional, que en teoría debería regular estas prácticas cinegéticas, ha servido de escudo institucional para fomentar las actividades extractivistas, o en este caso, cinegéticas. El hecho que estas regulaciones funcionan desde instancias federales, en un carácter fuertemente centralista, excluye de las decisiones sobre los bienes comunales a los verdaderos dueños del territorio, dejándolos a merced del capital nacional y transnacional.

Turismo y comunidad: ¿Intereses irreconciliables?

Son diversos los actores que intervienen en este tipo de actividad turística y que, a su vez, persiguen distintos intereses en la práctica y manejo de esta actividad. Por ejemplo, en la cadena de comercialización de un destino turístico cinegético, son los intermediarios quienes acaparan la mayor rentabilidad económica frente a las propias comunidades, quienes atraviesan una reconfiguración en la identidad territorial al reproducir la actividad turística como un eje para garantizar su crecimiento económico. En este sentido, las formas de relacionarse con la naturaleza, las prácticas culturales locales, y las formas de vida comunitaria, se yuxtaponen con la nueva ofensiva territorial del gran capital y las influencias globales convirtiéndose en un espacio social dominado.

El turismo cinegético ha penetrado como una opción para el desarrollo de las comunidades rurales Desemboque y Punta Chueca de la Nación Comcáac. Se trata de una actividad impulsada principalmente por los programas de desarrollo turístico del gobierno federal, que en algún caso han funcionado para la reproducción del borrego cimarrón. Sin embargo, la imposición de las territorialidades del gran capital ha provocado una ruptura dentro del tejido social y cultural de la comunidad, que se ha visto obligada a depender de estas actividades al mismo tiempo que luchan por conservar sus prácticas culturales de coexistencia con su entorno natural. Por ejemplo, un borrego de rancho cinegético en tierra firme en Sonora vale $60,000 dólares, que representa un negocio rentable para los empresarios turísticos, pero no así para la comunidad, que se debate entre seguir apostando por este tipo de turismo, ante una situación socioeconómica cada vez más apremiante. En una comunidad donde no existe un centro de salud, escuelas o servicios básicos garantizados, principalmente el agua, un bien preciado en un territorio absolutamente desértico. Por otro lado, el cerco se ha ido estrechando para la comunidad Comcaác, en el sentido del despojo de sus bienes comunales de manera progresiva, desde el agua, los recursos mineros, la tierra comunal. Todo esto dentro una lógica de desarrollo a nivel federal que no los toma en cuenta en la generación de políticas públicas, ni están dentro de sus prioridades institucionales.

Imagen de Angélica Duarte.

Para la nación Comcaác de Sonora, el turismo cinegético ha simbolizado una actividad complementaria casi obligatoria a sus actividades económicas, pero que a su vez esto no garantiza que los beneficios comunitarios sean percibidos de manera equitativa para toda la comunidad. Según Diana Luque, investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) de Sonora, en la distribución del usufructo del manejo cinegético del territorio, los Comcaác no han podido generar las instituciones ni los mecanismos que garanticen no sólo la transparencia y la equidad en su distribución, sino su canalización en inversiones prioritarias para el bienestar comunitario. Quizá, esta percepción se profundice aún más cuando se piensa en la lucha que están llevando a cabo por su supervivencia como pueblo, desde el despoblamiento que han sufrido a causa de la extrema pobreza, hasta la falta de acceso a sus propios recursos naturales.

Lo que se está enfrentado son dos modelos que poseen visiones antagónicas en el sentido de la mercantilización del territorio y las prácticas sociocomunitarias que no pueden responder adecuadamente a estas actividades, que sin duda, se enmarcan dentro de la lógica de acumulación por desposesión. La Nación Comcaác se enfrenta a importantes desafíos en materia económica, social y cultural. La llegada del nuevo gobierno en México abre la posibilidad a un escenario de diálogo e inclusión que implique una nueva visión estatal sobre la forma de relacionarse con estas comunidades. Se encuentran ante la posibilidad de poder revertir el proceso de despojo de sus bienes, de formar parte de nuevas políticas públicas para los pueblos indígenas, sin embargo, aún todo es incierto.

Conclusiones

Con la práctica cinegética surgen cambios en las estrategias de vida y formas de trabajo en la vida comunitaria. La gran disyuntiva es mantenerse en la visión de conservación de los bienes comunes y la defensa de la vida frente a la práctica extractivista de la cacería cinegética, las concesiones mineras ilegales y el acecho del crimen organizado. Es una contradicción a la que deben enfrentarse estas comunidades, que frente al abandono estatal encuentran por sus propios medios alternativas de subsistencia, que paradójicamente son también invasivas con el ecosistema que les rodea.

Por último, el fomento gubernamental de las actividades turísticas cinegéticas y extractivistas dentro del territorio Comcaác tienen también como fin mantener la precariedad, atizar contradicciones internas para profundizar la condición de vulnerabilidad, que a fin de cuentas lo que genera es la posibilidad permanente de dominación, de despojo del territorio, de penetración de otras religiones y formas de vida.

Es por eso, que la conformación de los Comcaác como nación fue un paso fundamental para la unificación de sus territorios, intereses comunales y un horizonte de posibilidad para contrarrestar la exclusión. La pregunta que surge entonces es: ¿Es posible que la nación Comcaác pueda sobrevivir a los permanentes desafíos de despojo que los acechan o el  Estado Mexicano asumirá la deuda histórica que tiene con los pueblos indígenas?

 

Nota:
Este artículo se publica en el marco del proyecto «Fortalecer el criterio de inclusividad en el turismo responsable: una respuesta a los retos de la Educación para la Justicia Global», ejecutado por Alba Sud con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona a través del Programa de Educación para la Justicia Global (convocatoria 2018).

 

 

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