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Testimonios | Turismo Responsable | Islas Baleares

18-01-2020

Todas las mejoras que se consiguieron, fueron fruto de la unión

Intervención de Antonia Andani Castro, una de las pioneras de la lucha por las mejoras de las condiciones laborales en la hostelería en los años 70 en Mallorca, durante el II Congreso de Kellys Unión, celebrado en Palma el 15 y 16 de noviembre de 2019.


Crédito Fotografía: Manifestación en Palma, 1976, por la readminisón de despedidos.

En los años 60 empezó el boom de la hostelería en Mallorca. Los trabajadores, la mayoría de la península, vivían en condiciones inhumanas. Lo que ofrecían los empresarios eran salarios bajísimos, alojamientos en sótanos en los mismos hoteles o en habitaciones compartidas por sexos. Las comidas eran las sobras que se daban a los clientes, sus comidas no son las nuestras. Eran los tiempos de la dictadura franquista y el sindicato vertical, en donde en el mismo saco estaban metidos trabajadores y empresarios.

En 1969, un grupo de cristianos, conscientes de lo que estaba ocurriendo en la hostelería, se pusieron a trabajar en diferentes hoteles y categorías con la inquietud de conocer y mejorar las condiciones de los trabajadores. Eran unas ocho personas.

Por medio de un amigo supe de la existencia de este grupo y de las condiciones inhumanas en los que la mayoría de los trabajadores vivía. Vine a Mallorca y para pagar mi estancia empecé a trabajar en un hotel en el Arenal como camarera de pisos. Así empecé a conocer la realidad de la que me habían hablado. Durante ese tiempo, uno de los miembros del grupo sugiere que en Magaluf no había presencia del grupo y era una zona de muchos hoteles. Estratégicamente, intentábamos cubrir diferentes zonas: Arenal, Can Pastilla, Palma, El Terreno, Santa Ponsa y Magaluf, y por eso yo me fui para Magaluf. Me presentan a una compañera, Mercedes Bonnin, que también quería ayudar a mejorar las condiciones de trabajo. Alquilamos un estudio juntas. Una persona sola no podía pagar el alquiler: 5.500 pesetas en verano y 5.000 en invierno. El salario entonces era alrededor de 6.433 pesetas.

Empecé a trabajar en el Hotel Magaluf Park. La jornada era de las 8 a las 4 de la tarde, un día libre a la semana, pero el día de las “salidas” era impensable salir a las 4 y ni siquiera bajar a comer, alargándose la jornada. Un día a la semana, tenias que añadir una guardia desde las 4 a las 9 de la noche; así, sin más, tenías que hacer una jornada de 13 horas.

Teníamos a nuestro alcance una herramienta de información: la "Guía del Trabajador de Hostelería y la Ordenanza de Trabajo para la Industria de Hostelería”. Fue redactada por Carmel Bonnín i Tomeu Bennassar, y supervisado por el abogado laboralista Ferrán Gomila. Con esta guía, elaborada en un lenguaje muy asequible, nos informábamos de que las mujeres teníamos que descansar 12 horas entre jornada y jornada. Esto nos dio fuerzas para plantarnos las camareras de pisos y exigir a la empresa el cumplimiento de la misma, por lo que la empresa tuvo que contratar a una camarera de guardia. También exigimos que las comidas mejoraran y que no fueran las sobras de los clientes.

¿Qué pasó luego? La “sargento” de la gobernanta nos iba detrás, siempre expiando, sigilosamente, se plantaba en la puerta de la habitación que limpiabas y luego iba “pasando la mano” por muebles. Y en la temporada siguiente La Thomson ya no me contrata.

Complejo hotelero Tordos y Mirlos

Entonces me trasladé a la zona de Palma Nova, en complejo hotelero Tordos y Mirlos, de la cadena Rumasa entonces. Empiezo a trabajar de camarera de pisos con una Jornada de las 7 a las 15 horas: de 7 a 8 limpieza de salones y el resto habitaciones. Guardia no remunerada, como prolongación de la jornada. Creo que era una vez por semana: de las 7 a las 22 horas. ¡15 horas! Así, por el morro.

Durante la temporada de verano de 1976, ya había muerto Franco y el sindicato era todavía Vertical, por tanto, franquista. Se celebraron Elecciones a Jurado de Empresa, lo que hoy llamaríamos Comité de Empresa, con las diferencias de que entonces el director era el Presidente del Jurado de Empresa y los representantes de los trabajadores eran elegidos por cuatro categorías: cualificados, no cualificados, técnicos y especialistas. Aunque la camarera de pisos, comedor, etc., fuera votada por 60, 70 trabajadores o más, en las reuniones de Jurado de Empresa, su voto valía igual que el voto de un Técnico o Especialista, que representaban a tres o 4 trabajadores.

Antònia Andani y María Bonín durante el II Congreso de Kellys Unión.

En 1977 teníamos solo un día libre a la semana. En la temporada de 1977 se llevó a cabo una huelga de un día, seguida de una gran manifestación, presionando para que en el Convenio de Hostelería recogiera un salario mínimo de 20.000 pesetas para la categoría más baja. Los empresarios no cedían y fruto de un Laudo Arbitral el Delegado de Trabajo dictó que la categoría más baja cobraría 16.500 pesetas y la más alta 20.700 pesetas. A cambio de no haber conseguido la subida salarial que se reivindicaba, el Delegado de Trabajo aprobaba la libranza semanal a día medio, o de tres días cada quince días. Y un poco más tarde se consiguieron los dos días libres semanales.

Mientras tanto, yo seguía trabajando en Tordos y Mirlos. La gobernanta se dedicaba a expiar, y al acoso laboral que llamaríamos ahora. Incluso llegaron a expedientar a un grupo de camareras de pisos del complejo. Entonces acudimos en grupo a la Delegación de Trabajo, y allí anularon los expedientes, faltas o sanciones. El diario Última Hora, recogió nuestra lucha con el siguiente titular en su portada: “Los Tordos y Mirlos, los pájaros que revolotean”. RUMASA, desde Madrid, mandó a sus Inspectores para que elaboraran un informe de lo que estaba ocurriendo en el complejo hotelera. Más adelante supimos que el director fue despedido, y también la jefa de las dos subgobernantas.

“Acolliments”, pequeños locales de reunión

Fuera de la jornada de trabajo, nos reuníamos en “Acolliments” para conocer la legislación vigente y no dar patinazos en la lucha. Nos asesoraba Carmel Bonnín, abogado, y María Bonnín, camarera de pisos, que se desplazaban a Palma Nova, para apoyarnos y asesorarnos. Siempre se nos decía: “ante cualquier mandato de la empresa fuera de la legalidad, primero obedecer y luego demandad”.

Como en la dictadura Franquista estaba prohibido reunirse, con la ayuda de Cáritas se impulsó abrir estos pequeños locales (una sala con un pequeño bar) para reunirnos. Se abrieron en Palma, El Terreno, Arenal, Palma Nova-Magalluf y Santa Ponsa. Allí podíamos acudir los trabajadores para tomar algo y, de paso, poder recibir asesoramiento laboral por parte de Carmel Bonnin, también había talleres de inglés para ayudar en el trabajo, etc.

La policía de la Brigada Político Social, se presentaba en el local del Acolliment cuando menos lo esperabas. Se sentaban y tenías que ir muy alerta con lo que allí se hablaba, porque nos podían detener. Rápidamente, nuestro asesor y abogado cambiaba de tema y pasaba a comentarnos películas en cartelera de los cines de Palma (antes de iniciar la reunión el asesor ya nos alertaba de que en cualquier momento podían entrar los policías). Las charlas que se daban eran sobre temas de legislación laboral, jornada de trabajo, vacaciones, permisos, pagas extras, etc.

En octubre de 1977, fruto de un encierro de los trabajadores y trabajadoras temporales de hostelería en la iglesia de San Miguel de Palma, y tras negociaciones en Madrid, este colectivo consiguió el derecho al Subsidio de Desempleo, lo que hoy llamamos “el paro”. Más tarde, ese derecho se extendería a todos los trabajadores temporales de hostelería en España.

Volviendo otra vez a los hoteles Los Tordos y Los Mirlos. También hubo algún despido de camareras de piso por falsas acusaciones por parte de la empresa. A una de ellas, la empresa le abrió la taquilla que tenía en la habitación compartida del personal, alegando haber encontrado unas braguitas nuevas que respondían a una denuncia interpuesta por una clienta. Imaginad lo que suponía en un contexto franquista que un sábado en el que había muchas “salidas” el director te entregara la carta de despido acusándote de robo. La trabajadora tenía que firmar, recoger sus pertenecías y salir del hotel sin saber a dónde dirigirse. No tenía más opción que largarse a una pensión o a su pueblo de la península. ¿Cómo podía demandar a la empresa por despido improcedente? Había un desconocimiento total de los derechos laborales y una represión brutal por parte de la empresa y sus gobernantas. Así, con estas malas artes, el empresario tenía al personal atemorizado.

Aprendimos, con la “Guía del trabajador de hostelería”, la ayuda continua de María Bonnín y del abogado Carmel Bonnín, a conocer nuestros derechos, a informar de la liquidación que nos correspondía al finalizar la temporada. Muchos de los hoteleros que conocimos se habían acostumbrado al finalizar la temporada a abonarte algo más de dinero en la liquidación, pero no lo que te correspondía por ley.

En el Hotel Barbados ya tenían camarera de guardia cuando empecé a trabajar, fruto también de una reivindicación. Allí luchamos por anular las horas extras. Como ya disfrutábamos de 2 días libres a la semana, la gobernanta acudía a las camareras pidiendo voluntarias para trabajar uno de los dos días libres, a cambio la empresa nos abonaría 1.000 pesetas. Una de las camareras decía: “anda, ven a trabajar y cuando salgas de aquí vas a Galerías Preciados y te compras un vestido”; otra camarera interviene y le dice: “serás igual de pobre con 1.000 pesetas más que con 1.000 pesetas menos, y tú habrás perdido el derecho al descanso, a tu tiempo libre”. ¡Cuanta razón tenía Ramona…! Así ha de ser: si necesitan más camareras que las soliciten a la Oficina de Colocación, que hay muchas personas deseando trabajar.

En este hotel, ya fija discontinua, fui miembro del Comité de Empresa, que era muy luchador. Pero la dirección del hotel ofreció subir de categoría, y como algunos de ellos aceptaron se redujo ostensiblemente la lucha.

En aquellos años los trabajadores y trabajadoras, en su mayoría, eran personas muy jóvenes. Muchos hoteles proporcionaban alojamiento tanto si eran matrimonios como si no. Dormían separados por sexos en habitaciones comunes. Algunas de las familias que venían a trabajar alquilaban pequeños estudios o apartamentos viviendo hacinados per el alto precio de los alquileres.

Desde la Alternativa Sindical y Unitaria de Trabajadores de Hostelería (ASUDTH) se hizo una encuesta con el fin de conocer si los trabajadores y trabajadoras temporales estaban interesados en adquirir una vivienda. En Asamblea se constituyó una Asociación de Vecinos. El primer paso fue empadronar a las personas solicitantes. En el local de Acolliment de Palmanova-Magaluf, junto con la camarera Mercedes Bonnín rellenábamos los impresos. El resultado fue la construcción de 150 viviendas en Santa Ponsa (Calvià).

Yo, por mi parte, no trabajé en más hoteles porque ya estaba en las listas negras de los hoteleros. Más tarde trabajé en la elaboración de helados, pastelería, etc. Con unos cambios bruscos de temperatura de 70º C: el sótano donde se trabajaba tenía +40ºC, el cuarto de congelación -30ºC, Consecuencia de ello y de los productos químicos, sufrí una dermatosis aguda en las manos y taquicardia.

Algunas recomendaciones

Y, para terminar, y desde mi experiencia, os brindo las siguientes recomendaciones:

1. Estar UNIDAS: las Kellys Unión. Estar sindicadas: es necesario contar SIEMPRE con los sindicatos de clase.

2. Ser muy conscientes de que estáis contratadas por horas, y no por número de habitaciones.

3. Los derechos conquistados hay que defenderlos cada día: si no velamos nos los quitan. Ser solidarias, no permitáis que os dividan: el capitalismo tiene una máxima “divide y vencerás”. Las trabajadoras tenemos la nuestra: Unidas venceremos. Nadie nos ha regalado nada: todo es fruto de la lucha, de la solidaridad y de la unión.

4. Luchad por la jubilación anticipada, pero no lleguéis a ella hechas una piltrafa: reivindicad mejores condiciones de trabajo; recuperad el trabajo del “fajín” (trabajador que sube la ropa, los carros, baja la ropa sucia, las basuras, traslada las camas suplemento, etc.); reivindicad la eliminación de las bañeras por duchas, por prevención de accidentes de trabajo y ahorro de agua es importante.

5. Reivindicad mejores condiciones en el trabajo: eliminar productos tóxicos en la empresa; exigid a través de convenios camas elevadoras automáticamente (esto hay algunos hoteles que ya lo tienen). Tened muy claro que yo puedo desplazarme corriendo a mi domicilio en 30’, pero lo normal es que sea en 1 hora: este es el quid de la cuestión.

Y para terminar, pido a los sindicatos de clase que bajen al terreno, que se desplacen a los hoteles, que os acompañen en todas vuestras reivindicaciones.

 

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